Razones para el cese del fuego

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Las detenciones de Mateo Gutiérrez en Bogotá y de Milena Quiroz, que no son guerrilleros, y de otras personas en el sur de Bolívar que en su mayoría no son parte en ninguna forma de insurgencia, en un territorio donde todo lo dañó la guerra, son efectos graves de la negociación en medio del conflicto entre Gobierno y Eln. Estos hechos, que afectan a pueblos rurales y familias, conllevan violaciones del Derecho Internacional Humanitario como las del triste Estatuto de Seguridad, 1979, con perjuicio para la tranquilidad ganada en el proceso de paz.

Los encarcelamientos se explican porque el Gobierno busca a miembros orgánicos del Eln en las comunidades. Y desata un drama que muestra la urgencia de llegar al cese bilateral del fuego lo antes posible, por razones distintas de las que se tuvieron con las Farc. Porque si bien hay presencia política del Eln entre la sociedad, es mucho más grande la presencia rural y urbana del pensamiento de Camilo Torres en el movimiento social, rural y estudiantil no para llamar a la guerra, sino para inspirar la lucha civil de justicia y democracia.

El cese del fuego requiere, de un lado, terminar con los secuestros y ataques a infraestructura y espacios civiles, que nada ayudan a precipitar el fin de las hostilidades bilaterales; y del otro, poner en marcha sistemáticamente la destrucción de los grupos que asesinan a líderes y terminar con el enjuiciamiento precipitado de pobladores.

El Eln tiene que abandonar la guerra para tener a toda la sociedad civil participando en la negociación. El paso hay que darlo ya, quitando todo estorbo que demore.

Lo prioritario para el Estado hoy es destruir a paramilitares que están matando a líderes y apoderándose de la coca. Y necesita el cese del fuego bilateral con el Eln para concentrarse en ese único flanco criminal y derrotarlo con el monopolio de las armas, la exigibilidad de la ley y el apoyo de la sociedad campesina y popular. Y a su vez, el Eln tiene que abandonar la guerra y las hostilidades para tener a toda la sociedad civil participando en la negociación. El paso hay que darlo ya, quitando todo estorbo que demore. Y con instancias de veeduría y garantías, que cuiden del acuerdo. Antes de que aumenten la polarización en el movimiento social y el número de los que piden, equivocadamente, la protección de una retaguardia armada insurgente.

Prueba de la urgencia con que hay que actuar son las reacciones de malestar ante detenciones y órdenes de captura.

Tal es el caso de Mateo, joven intelectual, de ideales radicales contra la exclusión, polémico y audaz, y que su familia, compañeros de universidad y amigos saben que nunca ha sido de la lucha armada. Nada tuvo que ver con las bombas salvajes activadas en Bogotá, y menos con los hechos de La Macarena. La Policía tiene razones para no quererlo porque en las marchas se enfrenta con arrojo contra el Esmad, pero no es guerrillero.

Por su inteligencia crítica y propositiva y su carrera de sociología, es un perfecto candidato a positivo jurídico en la guerra contra el Eln.
A Milena la conozco desde niña, hace veinte años. Encarna en mujer la dignidad humana. Contundente para enrostrar a las Auc y a la guerrilla y defender la vida en Arenal, desde la emisora La Negrita. Solidaria siempre con las protestas ciudadanas contra la injusticia.

Y hay que haber sufrido la historia de Micoahumado, que merece tanto Estado como Bogotá pero nunca lo tuvo, para acercarse con compasión y respeto a los líderes detenidos y no cometer errores, ante personas que en la montaña aguantaron la violencia de las Auc, el cilindro de la guerrilla, hicieron desminado sin apoyo institucional y sustituyeron coca. La mayoría de ellos, ciudadanos libres, fácil objeto de señalamientos y persecuciones de todos los lados. Expresión del pueblo de Colombia que sufre a diario el absurdo del conflicto y grita a todos los involucrados en la guerra que paren ya la barbarie.

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