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La corrupción es una violación a los derechos humanos: Carlos Negret

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El defensor del Pueblo, Carlos Negret, al hacer un balance de su gestión en su primer año, dijo que la corrupción es una violación flagrante a los derechos humanos. Agregó el funcionario que el hecho de no tener dientes, no significa que no se pueda morder y en ese orden de ideas dijo que lo más importante es la capacidad de persuadir a las autoridades y a la sociedad mediante la magistratura moral.

 

EL NUEVO SIGLO: ¿Cómo superar la crisis de corrupción institucional?

 

CARLOS NEGRET: La principal forma de superar esta crisis es haciendo que aquellas personas responsables, tanto desde el sector público como desde el sector privado, respondan por sus actos ante la justicia no solamente para cumplir las respectivas penas sino además para resarcir el daño causado. Pero quisiera también señalar que la corrupción, además de sus repercusiones para el erario y las conductas penales que implican, es importante visibilizar ante la opinión pública que además es una violación flagrante a los derechos humanos porque rompe el equilibrio en la sociedad, les roba las oportunidades a los más desvalidos de que llegue el Estado con la debida asistencia y ello conlleva a que no se garantice la salud, la educación y el desarrollo para muchas personas. En este sentido creo debemos hacer un trabajo profundo de generar conciencia en la sociedad de que todo acto de corrupción conlleva a la negación del derecho a otro conciudadano.

 

 ENS ¿La Defensoría necesita más dientes para cumplir con su labor?

 

CN: Es verdad que la Defensoría no tiene dientes pero eso no significa que no pueda morder. Tenemos algo que para nosotros es mucho más valioso que la sanción disciplinaria, fiscal o penal y es la capacidad de persuadir a las autoridades y a la sociedad mediante la magistratura moral para que trabajemos para el respeto y garantía de los derechos humanos. Nuestro trabajo con las comunidades así lo confirma.

 

ENS: ¿Perdió el Estado la batalla contra el hacinamiento carcelario? 

 

CN: No lo creo. Creo que la situación no es fácil y los retos enormes, pero estoy seguro que con el concurso de las autoridades judiciales y el Gobierno nacional podemos superar esta grave crisis humanitaria  y estoy convencido que la fórmula pasa por darle un nuevo direccionamiento a la política criminal: hay que superar el fetiche que tenemos con la cárcel como la única manera de sancionar las conductas indeseadas en la sociedad.

 

ENS: ¿Quién está detrás del asesinato de los líderes sociales y de derechos humanos y por qué no se detiene?

 

CN: Eso lo debe determinar la Fiscalía General de la Nación. De lo que sí estoy seguro es que son grupos de diferentes orígenes, con intereses diversos, especialmente de tipo económico, que quieren generar zozobra en las poblaciones que están expectantes de que la paz llegue a sus territorios. Son personas que quieren gobernar con el miedo de la gente y así controlar territorios donde mayoritariamente se está intentando transitar de las economías ilícitas a nuevas formas de sostenimiento.

 

Crisis en Chocó

 

ENS: ¿Qué tan grave es la crisis social en Chocó?

 

CN: Es muy grave. Lo que está sucediendo desde el Urabá chocoano hasta el Bajo San Juan es muy preocupante. Cientos de familias indígenas y afrocolombianas que se encuentran entre las balas de dos grupos armados ilegales como lo son el Eln y el Clan del Golfo o las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, desplazadas o cercenadas en su derecho a transitar libremente por el confinamiento al que los tienen sometidos. Sumado lo anterior a condiciones estructurales de pobreza agudiza mucho más la problemática. He llamado en tres ocasiones al alto Gobierno nacional a apersonarse de la crisis humanitaria de Chocó, a caminar junto con sus pobladores por los ríos para que puedan sentir y comprender lo que significa vivir bajo este nivel de hostigamientos, pero lamentablemente no he encontrado la respuesta que esperaba.

 

ENS: ¿La tutelitis en salud definitivamente no se puede acabar?

 

CN: Claro que se puede acabar. Cuando comprometamos a todos los actores del sistema de salud a comprender que lo que se encuentra a su cargo es la garantía de un derecho fundamental y especialmente las EPS entiendan que sus actuaciones corporativas deben ceñirse al respeto de los derechos humanos, ese día las tutelas deberían empezar a volverse un medio subsidiario de protección. No quiero decir con lo anterior que sea un asunto de fácil solución, pero sí compromete a todos los actores del sistema.

 

Implementación por la paz

 

ENS: ¿Cómo ve el proceso de implementación de la paz en las regiones?

 

CN: Veo a las comunidades, a las que vivieron el conflicto de primera mano, muy ilusionadas con el momento de transición que debería empezar a experimentar el país. Veo algunas autoridades tanto locales como del orden nacional, absolutamente comprometidas con avanzar en la implementación del Acuerdo Final. Sin embargo también veo que hay  procesos que deberían ir marchando que van muy lento y están sufriendo muchos obstáculos, como por ejemplo los procesos de sustitución de cultivos y la llegada de la oferta institucional a los territorios más abandonados.

 

ENS: ¿Falló el Estado en la recuperación de las zonas dejadas por las Farc?

 

CN: Es prematuro hacer una afirmación de esas. De lo que sí estoy convencido es que a esos territorios para ahuyentar a los violentos, disminuir los incentivos para participar en grupos armados y devolverle la confianza a la gente, se debió haber llegado de manera muy intensa con toda la oferta institucional del Estado. Es muy importante quizás que llegue el puesto de Policía o el batallón del Ejército, pero mucho más el ICBF, SENA, Coldeportes, el Ministerio de Cultura y los jueces. En resumen creo que la estrategia integral se ha demorado y debe corregirse cuanto antes.

 

ENS: ¿Cómo ve la atención a las víctimas cuando hay pocos recursos?

 

CN: Nunca serán suficientes los recursos cuando se trata de reparar a 8.5 millones de víctimas de violaciones a los derechos humanos cuyo daño es, en principio, irreparable. Ahora creo que hay que seguir trabajando para poder continuar con este proceso que se inició en el año 2011 y buscar los recursos donde haga falta porque de lo contrario la herida del conflicto armado no sanará. Además, la reparación de las víctimas en muchas ocasiones no pasa por lo económico; hace falta también encontrar a las personas desaparecidas, reconstruir el tejido social que fue roto por el conflicto, conocer la verdad sobre todas estas violaciones. Son muchas las tareas que tenemos en este propósito.

 

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