Tierralta
Sembrar futuro a través del café En las montañas de Tierralta, Córdoba, la comunidad de El Diamante convirtió la sustitución de los cultivos ilícitos en un proyecto para cultivar café y cosechar paz para su territorio.
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Sembrar futuro a través del café En las montañas de Tierralta, Córdoba, la comunidad de El Diamante convirtió la sustitución de los cultivos ilícitos en un proyecto para cultivar café y cosechar paz para su territorio.
Wilfred Valencia Villegas regresó a Tierralta y, junto a 10 familias campesinas, puso en marcha el proyecto de producción de café.
Se obtuvo la primera producción de café y comenzó una nueva etapa para la comunidad.
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En El Diamante cultivar café se convirtió en un propósito común para construir un nuevo futuro. Durante años, como ocurrió con muchas familias de este corregimiento de Tierralta, Córdoba, los cultivos ilícitos fueron la consecuencia de un territorio cercado por el conflicto armado y por la ausencia de alternativas legales para subsistir de lo que produce la tierra.
Tras la firma del Acuerdo de Paz, en 2016, la comunidad de El Diamante tuvo un nuevo respiro. Esa paz, frágil pero real, abrió la puerta para apostarle a otras economías. Fue entonces cuando 10 familias decidieron cambiar su forma de trabajar la tierra y le apostaron al cultivo del café de la variedad castillo, dejando atrás los cultivos ilícitos.
Jorge Conde Mendoza hace parte de esa historia. Después de años de desplazamiento, regresó a su tierra y resume ese cambio con una frase que condensa lo que significó volver a empezar: “Ahora vivimos tranquilos, podemos ir al pueblo y volver sin miedo (…) Antes sembrábamos guerra, ahora sembramos futuro”.
En este corregimiento, ubicado en las montañas de Tierralta, el café comenzó a marcar un nuevo rumbo para quienes un día decidieron dejar atrás los cultivos ilícitos. “Era plata, sí, pero también mucho peligro”, asegura Miriam Rojas, quien destaca que cultivar café le abrió nuevas posibilidades para salir adelante y le devolvió la tranquilidad.
“Si comparo aquello con lo de ahora, esto es mejor: ya uno duerme tranquilo porque no tenemos nada ilícito (…) He ganado tranquilidad. En aquel tiempo sembraba guerra, pero ahora siembro paz”, explica Miriam.
Otros, como Luis Gabriel Conde, estuvieron “enredados” en esa dinámica que no daba futuro, pero hace tres años decidió darle un giro a su vida. “Ahora vendo mis kilos de café sin que nadie me moleste; es un trabajo legal, más tranquilo. El café me ayuda a sacar a mi familia adelante; da empleo y uno lo ve”.
Café con aroma a futuro
Antes los cultivos ilícitos eran la única fuente de ingresos de muchas campesinas y campesinos en esta zona del sur de Córdoba, rodeada por el Nudo del Paramillo, rica en biodiversidad y muy fértil. Su clima tropical hace que los cafetales crezcan y den frutos que representan una alternativa para esta comunidad.
La variedad de café castillo ofrece notas a panela, cítricos suaves y chocolate, un perfil aromático que poco a poco ha conquistado mercados en Córdoba y en distintas regiones del país.
Este café cordobés ha permitido pagar estudios, mejorar viviendas y generar empleo. Y, a pesar de que sacarlo es difícil por el deterioro de las carreteras rurales, la comunidad insiste en que nada los detendrá.
Luis Gabriel lo resume con una frase que refleja la determinación de quienes cultivan estas montañas: “Así sea en mulas, pero el café sale”.
También insiste en que “en los cultivos ilícitos uno siempre estaba enredado; eso no deja nada bueno. El café sí es seguro y se vende tranquilo”, y hace un llamado a los campesinos y campesinas del país para que se animen a sembrar: “Mi mensaje es que se animen porque el café da un futuro mejor que el que teníamos antes”.
El café que se produce en El Diamante no solo ha cambiado economías, también ha tejido comunidad: en los cultivos trabajan padres, madres, hijos y vecinos, aprenden técnicas de selección, fermentación y secado, y hablan del grano con orgullo.
Para Wilfred Valencia, comercializador y pieza clave de este renacer cafetero, el resultado de ese esfuerzo colectivo puede resumirse en tres palabras: “El café une”.