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La Defensoría, comprometida en la protección y conservación de los manglares en Colombia

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Al conmemorarse el Día Internacional de la Protección del Ecosistema de Manglar, la Defensoría del Pueblo llama la atención sobre la necesidad primordial de proteger y conservar este tipo de ecosistemas, dada la enorme cantidad de servicios ecosistémicos que proveen, los cuales abarcan desde el suministro de alimentos y refugio hasta la conexión cultural con el territorio.

Según cifras de la Fundación Natura e Invemar, Colombia cuenta con 472.668 hectáreas de ecosistemas marinos y 767.499 hectáreas de ecosistemas costeros, de los cuales hacen parte los arrecifes de coral, los pastos marinos, manglares, lagunas costeras, playas, entre otros. Además, se estima que en la costa Caribe colombiana hay 79.719 hectáreas de manglar, representadas por cinco especies y en la zona del Pacífico, 209.402 hectáreas representadas por ocho especies.

Las comunidades que viven en asentamientos costeros dependen en gran medida de los servicios ecosistémicos. Estos extraordinarios ecosistemas les proveen servicios de aprovisionamiento (de pesca, madera y leña); servicios de regulación (captura de carbono, eliminación de desechos) y servicios culturales (recreación y turismo). Así mismo, regulan el microclima, mantienen la biodiversidad, mejoran la calidad del agua a través de la filtración de contaminantes y estabilizan la línea costera, contribuyendo en gran medida a la prevención de desastres naturales como tormentas, inundaciones y erosión.

Los manglares, además los beneficios derivados del turismo, brindan a las comunidades locales formas de arraigo y manejo del territorio, contribuyen a la formación de sistemas de conocimiento, mantienen la herencia y la tradición y son sitios considerados gran fuente de inspiración para el arte. 

No obstante, a pesar de su inmenso valor social, cultural y económico, el ecosistema de manglar es uno de los más amenazados del planeta. Los manglares están siendo destruidos a un ritmo 3-5 veces mayor que el promedio de la pérdida de bosques y más de una cuarta parte de la cubierta de manglares original ha desaparecido. Un problema que se agudiza por la conversión de tierras para la acuicultura y la agricultura, el desarrollo costero y la contaminación y sobreexplotación de los recursos del manglar.

A medida que los manglares se vuelvan más pequeños y fragmentados, los bienes y servicios importantes de estos ecosistemas disminuirán o se perderán. Las consecuencias de una mayor degradación de los manglares serán particularmente graves para el bienestar de las comunidades costeras de los países en desarrollo, especialmente cuando las personas dependen en gran medida de los bienes y servicios de ellos para su subsistencia y medios de vida.

Preocupa a la Defensoría del Pueblo el deterioro y la degradación progresiva de ecosistemas estratégicos como los manglares y humedales, pues son múltiples los derechos humanos que se ven comprometidos. Por esta razón, la entidad viene adelantando un importante trabajo defensorial para propender por la garantía de los derechos de las comunidades y la protección y conservación de la naturaleza.

En el Humedal Ramsar Ciénaga Grande de Santa Marta, por ejemplo, se ha mantenido acompañamiento institucional, principalmente a las comunidades de los pueblos palafíticos de los municipios de Bocas de Aracata y Sitio Nuevo, en el departamento de Magdalena.

Con el objetivo de proteger y garantizar los derechos humanos de las poblaciones que dependen directamente de la salud ecosistémica de la Ciénaga, se han visibilizado en diversos escenarios las principales problemáticas que han acelerado su degradación como son: sedimentación de caños y ciénagas, tala indiscriminada de bosque de manglar, expansión de la frontera agropecuaria, alteración de la dinámica hídrica, obras de infraestructura vial que rompen la conectividad ecosistémica, entre otros.

Dicho trabajo se ha replicado en diversos ecosistemas de manglar en el país como en el corregimiento de Rincón del Mar (ciénagas Cañones y Punta Seca y Caño de Punta Seca), municipio de San Onofre, departamento de Sucre; en el Distrito Manejo Integrado Bahía Cispatá, municipio de San Antero, departamento de Córdoba, entre otros.

Disfrutar de un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible permite la realización de los derechos colectivos a gozar de un ambiente sano, a la existencia del equilibrio ecológico y al manejo y aprovechamiento racional de los recursos naturales, por esta razón desde la Defensoría exaltamos el papel fundamental que cumplen los ecosistemas de manglar y propendemos por su protección y conservación.

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