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Una oportunidad para trabajar juntos

: Discurso del Defensor del Pueblo de Colombia, Carlos Camargo Assis.
Discurso del Defensor del Pueblo de Colombia, Carlos Camargo Assis.

Es un privilegio darles la bienvenida al Encuentro Internacional de Defensores del Pueblo en la ciudad de Cartagena, una ciudad que ha sido receptora de migrantes en varios momentos de nuestra historia. Estas tierras, enmarcadas con esas murallas, vieron la llegada de esclavos, europeos, árabes y judíos durante muchos periodos de nuestra historia. En el marco de esta ciudad en donde confluye a diario el pasado con el presente, trataremos de dilucidar los enormes desafíos que se desprenden de las movilizaciones humanas y la búsqueda de protección y bienestar para proyectar juntos un futuro mejor. Yo mismo desciendo de esos árabes que llegaron en los últimos dos siglos desde Líbano, Siria y Palestina huyendo de las persecuciones del imperio otomano. Esas personas, mis antepasados, se ubicaron en Barranquilla, Santa Marta, Montería, Sincelejo, Maicao, y obviamente, acá en Cartagena.

El tema de este encuentro es la “Migración y el Refugio como Derechos en Riesgo” será una invaluable oportunidad para que compartamos experiencias, aprendizajes, criterios y sobre todo caminos efectivos para enfrentar una problemática que todos nuestros países viven de una forma u otra y que merece nuestra atención para entenderla y nuestra acción para afrontarla de la mejor manera posible. 

Los resultado de este ejercicio serán recogidos en la declaración final que contendrá recomendaciones en estas materias a Gobiernos de la región y Entidades multilaterales.

Vivimos tiempos difíciles. Nos encontramos inmersos en realidades climáticas, pandémicas, económicas, políticas y sociales que incentivan la movilización de una cantidad importante de personas. Unas personas que luchan a diario por atravesar el océano, los ríos, las selvas, los desiertos, las trochas y los más inimaginables peligros para tratar de encontrarse con la tranquilidad, el bienestar y el futuro. Esas travesías se concretan en imágenes de endebles embarcaciones abarrotadas de seres humanos, o camiones repletos de personas en las más indignas condiciones, o hombres y mujeres atravesando ríos con niños sostenidos en sus brazos o hileras de personas caminando por senderos sinuosos en donde el peligro de las bandas criminales, los grupos armados o las fieras del lugar son una posibilidad permanente que los asedia y afecta a diario. Esas travesías dejan muchas veces personas asfixiadas al interior de camiones, o asesinatos y violaciones en la selva, o personas insoladas o desplomadas por el agotamiento y el hambre en los lugares más inhóspitos o cuerpos arrojados por el mar a las playas como ocurrió hace pocos días en Acandi donde una embarcación ilegal, que se dirigía en la madrugada hacia el Archipiélago de San Blas en Panamá, naufragó y causó la muerte de 3 mujeres, además de 6 personas desaparecidas, entre ellas 3 menores de edad, uno de los cuales apenas tenia 8 meses.

A esas personas las mueve el ancestral deseo de habitar lugares más benévolos, menos violentos, en donde el bienestar sea posible y en donde esos pequeños que portan en sus brazos puedan llegar a tener algo de futuro. Ese mismo espíritu ha movilizado a la humanidad en todos los tiempos. La historia de nuestros pueblos esta repleta de ese tipo de movilizaciones y acogidas. Seres humanos que Impulsados por la fuerza de los sueños tratan de hacer un mejor futuro en lugares lejanos o distintos a aquellos en los que la vida los ubicó.

Los Estados no han dejado nunca de experimentar estos flujos de población. De un lado salidas y éxodos, y del otro, llegadas e instalación en sus territorios. Las causas son disimiles, pero por lo general son la pobreza y la violencia, dos temáticas que asolan a millones de personas en infinidad de territorios y que son la causa tradicional más generalizada de la movilización y el desarraigo. De la misma forma, siempre ha habido personas en el mundo que optan por establecerse en otro lugar por razones profesionales o elecciones personales.

Los Estados siempre han asumido estas realidades evaluando las ventajas y desventajas, y a partir de esos criterios, estimularlas o complicarlas. En este sentido, el interés por la acogida de los migrantes y los métodos de su integración han variado mucho a lo largo del tiempo en función de las orientaciones políticas definidas a nivel nacional, pero también, de forma más pragmática, las necesidades laborales y las posibilidades de acogida del país que los recibe. Los Estados de destino entonces han ido adaptando su legislación a estas circunstancias, a la situación social y al origen de los migrantes, así como a razones económicas, políticas o simples datos demográficos donde suman acá y restan allá. El criterio humanitario, hay que decirlo con claridad, muy pocas veces ha estado dentro de las prioridades que se toman en cuenta en la formación de las decisiones estatales que afectan o regulan esta materia.

Verificar esta aseveración no es muy difícil. Hay países, por ejemplo, pertenecientes al G-7, que cuando tuvieron que vigorizar demográficamente sus poblaciones como consecuencia de dos guerras mundiales prefirieron incentivar poblaciones europeas más cultas en lugar de recibir nacionales de sus antiguas colonias en África en un acto de reparación. La actual inmigración masiva en Alemania, especialmente de población turca, puede explicarse por la brecha entre el crecimiento demográfico, que tiende a volverse negativo, y las necesidades laborales de la economía alemana. Otro caso de realismo económico alejado de cualquier criterio humanitario. 

No podemos seguir valorando este fenómeno con simples criterios de rentabilidad económica o coyuntural viabilidad política. La gestión de los flujos migratorios requiere hoy una reflexión renovada y multidimensional sobre el equilibrio entre los principios fundamentales que estructuran los derechos de los migrantes y la soberanía de los Estados. Vivimos tiempos en donde estos flujos se acentúan y no tenemos la institucionalidad necesaria para afrontarlos con principios comunes y criterios compartidos. 

Veamos algunas cifras para dimensionar el desafío que nos congrega en el día de hoy.

Según la Organización Internacional para las Migraciones – OIM, el flujo migratorio equivale al 3,5% de la población mundial, el 52% de los migrantes internacionales son hombres; el 48% son mujeres; y el 74% son personas en edad de trabajar (de 20 a 64 años). En América Latina la migración ha presentado un aumento del 66%.

Para la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados – ACNUR durante el 2020, más de 82,4 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares. Entre ellas hay 26,4 millones de personas refugiadas.

Actualmente se viene presentado varias crisis migratorias y de refugiados, algunas nuevas, otras que resurgen como la diáspora del pueblo hermano de Venezuela que involucra actualmente a 5.667.921 personas que cruzan en su mayoría por Colombia que alberga en este momento a 1.742.927 de estos venezolanos de los cuales 759.584 están regularizados y 983.343 se encuentran en situación de irregularidad. 

La otra emergencia en Latinoamérica es el paso de migrantes Transcontinentales y del Caribe provenientes de Asia, África, Europa y Latinoamérica que buscan llegar a los países del Norte del hemisferio. En esta materia se ha documentado que han cruzado la frontera entre Colombia y Panamá aproximadamente 95.000 migrantes en lo que va corrido del año. 

Estas migraciones producen impactos significativos en cada país, donde convergen vulnerabilidades que se acentúan en los niños, niñas y adolescentes, las mujeres y personas con Orientación Sexual e Identidad de Género Diversas – OSIGD, grupos étnicos, personas en situación de discapacidad entre otras, condiciones que se han agravado además por la pandemia del COVID-19. 

Para hacer frente al contexto migratorio contemporáneo, es necesario analizar y entender sus consecuencias desde diferentes perspectivas, en especial desde los derechos humanos, hacia la búsqueda de alternativas a través del intercambio de experiencias y el fortalecimiento de capacidades entre las Instituciones Nacionales de Derechos Humanos aquí presentes.

En el mismo sentido debemos robustecer la capacidad de incidencia en los gobiernos de los países de origen, tránsito y destino para que se adelanten acciones de asistencia, protección y respuesta e integración local de las personas migrantes y refugiadas con las comunidades de acogida en lógica de una movilidad humana ordenada, digna y segura.

Para la Defensoría Colombiana los flujos migratorios mixtos son una cuestión de primer orden ligada a los derechos humanos, el desarrollo y transformaciones en los ámbitos sociales, políticos, económicos y tecnológicos a nivel nacional, regional e internacional. Es allí donde los invito a que como continente emprendamos acciones ante la comunidad internacional y las organizaciones multilaterales en respuesta a las necesidades de las personas migrantes y susceptibles de la condición de refugiados fortaleciendo la protección internacional con enfoques diferenciales.

EN ESTE ASPECTO LA ONU, LA OEA, Y EN GENERAL, LA COMUNIDAD INTERNACIONAL, CUMPLEN UN PAPEL FUNDAMENTAL EN MATERIA DE CONVOCATORIA, ARTICULACIÓN DE ESFUERZOS, INTERCAMBIO DE EXPERIENCIAS Y ACOMPAÑAMIENTO DE INICIATIVAS. EN ESTA MATERIA NO VALE NI LA INDIFERENCIA NI LA PARSIMONIA, TODOS DEBEMOS ACTUAR Y APORTAR DESDE LA MEDIDA DE NUESTRAS POSIBILIDADES. ES LO ÉTICO Y ES LO QUE HAY QUE HACER.

En el marco de este evento tendremos la oportunidad de intercambiar criterios sobre “Poblaciones Vulnerables”, “Movimientos Mixtos de Refugiados y Migrantes” y los “Riesgos Asociados a los Procesos Migratorios”.

Es importante en estas discusiones apelar siempre a una serie de principios fundamentales que son esenciales para abordar esta realidad independientemente de cualquier coyuntura política o económica.

El primero es el principio de igualdad y no discriminación que se desvirtúa, por ejemplo, cuando se implementan políticas de cuotas por nacionalidad, eligiendo o desechando a los migrantes según su origen. Esto, obviamente, no quiere decir que no se puedan negociar acuerdos bilaterales entre Estados favoreciendo la inmigración de algunos países en lugar de otros. Se discrimina también cuando se les excluye del beneficio de una prestación social en virtud únicamente de su nacionalidad. 

En materia de derecho a la vida hay que proteger a las personas contra la devolución a países donde correrían el riesgo de ser sometida a tratos crueles, inhumanos o degradantes, como la tortura o la pena de muerte. Es importante también la vida privada y familiar y, por tanto, proteger a las personas contra las medidas de expulsión o la denegación de entrada o estancia de los miembros de su familia con el fin de manipularlos a través del afecto o los vínculos filiales. Los migrantes deben tener el derecho real a ejercer un recurso efectivo contra las decisiones que les conciernen, garantizando así, la protección contra la arbitrariedad.

Los migrantes y refugiados requieren especial atención y cuidado de acuerdo con la coyuntura que atraviesan. En muchos casos son personas perseguidas por su raza, orientación sexual e identidad de genero, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social o por razón de sus opiniones políticas, o también, por la pobreza, el clima o la misma pandemia que nos asedió y sigue siendo un riesgo para todos.

Lo que estamos viviendo ha evidenciado la insuficiencia del marco legal con el que contamos para enfrentar esta realidad que nos circunda día a día.

El número de migraciones forzadas registradas en los últimos años es considerablemente superior a lo observado en décadas anteriores. 

Ante esta situación, los sistemas habituales de gestión migratoria se atascan y algunos incluso revelan su inocultable insuficiencia. Está probado que los esfuerzos individuales son insuficientes; por eso es inexcusable abordar esta realidad juntos y en forma concertada. Las particularidades nacionales, la falta de solidaridad entre los Estados y el deseo de la mayoría de ellos de controlar en forma autónoma el acceso a su territorio son situaciones que debemos SUPERAR PARA EMPEZAR A PENSAR Y ACTUAR JUNTOS DEJANDO DE LADO LO QUE NOS AÍSLA, Y DE ALGUNA FORMA, NOS DEBILITA. ES UN PROPÓSITO DIFÍCIL DE LOGRAR, LO SABEMOS, PERO SI ALGO NOS ENSEÑÓ LA PANDEMIA ES QUE NADIE SE SALVA SOLO, TODOS NECESITAMOS DE LOS DEMÁS. LA ARMONIZACIÓN DE LAS POLÍTICAS NACIONALES ES UN EJERCICIO COMPLEJO Y UN OBJETIVO DIFÍCIL DE LOGRAR, SIN EMBARGO, HAY QUE EMPEZAR, Y EL COMIENZO ES QUE ENTENDAMOS QUE ESTA SITUACIÓN NOS CONCIERNE A TODOS.

La coyuntura migratoria crea entonces una doble sensación de impotencia, tanto nacional, en la medida en que no se pueden gestionar las situaciones por separado, como también colectiva, en la medida en que carecemos de instrumentos para abordar nuestra insuficiencia complementándonos entre todos.

En los próximos años se espera que los flujos migratorios observados en los últimos tiempos se mantengan en un nivel muy alto dadas las brechas de desarrollo entre muchos países y la intensificación de las situaciones de crisis, autoritarismo y guerra, pero también el inocultable desorden climático. Sin embargo, estos flujos no pueden ser sufridos sin restricción por los Países de acogida: es necesario impulsar una política de inmigración regular que respeten su soberanía. Si se ignora esta soberanía y los intereses legítimos de los Estados, existe un gran riesgo de que se abran las puertas del populismo y la xenofobia. Aunque es importante entender que soberanía, no solo quiere decir cerrar o bloquear fronteras.

Entendemos que los estados tienen preocupaciones genuinas sobre el abuso de los procedimientos de asilo, los costos de diversos tipos asociadas a esta figura, la criminalidad, como el contrabando y la trata, la naturaleza prolongada de las situaciones de refugiados, las cargas desproporcionadas a los sistemas de salud o educativos y la falta de distribución de la carga como consecuencia de países que observan el fenómeno con indiferencia. 

Estos son problemas reales y con consecuencias políticas en muchos países, aunque, y también hay que decirlo, muchas veces hay distorsiones deliberadas por parte de algunos políticos, alguna prensa y algunos grupos de presión con intereses específicos, que incentivan caminos erróneos como la construcción de barreras legales y físicas a la llegada, el cierre de fronteras o la devolución de refugiados.

El desafío que tenemos, apreciados defensores y defensoras, es el de encontrar formas de garantizar que las necesidades de los refugiados y de los solicitantes de asilo genuinos, que incluyen especialmente el acceso a la protección, se satisfagan adecuadamente en el contexto más amplio de la migración gestionada. Entendiendo que la afluencia masiva de personas desplazadas ha supuesto una importante carga onerosa adicional para el medio ambiente físico, como la contaminación, deforestación, competencia por el suministro natural de alimentos y agua, los sistemas sociales, como la salud, bienestar, vivienda y empleo y educación, y puede afectar negativamente el equilibrio demográfico de una población de acogida, generando antagonismos con esas mismas comunidades.

Son muchos los temas que hay que abordar y muchos los puntos de vista que hay que compartir. Necesitamos evaluar cómo realizamos una mejor identificación con el fin de dar una respuesta apropiada a los migrantes y refugiados para darles una protección más efectiva superando la simple gestión de la migración. Necesitamos trabajar más fuerte para coordinar esfuerzos contra el trafico de personas y la trata. Necesitamos más diálogo con las organizaciones internacionales y liderar como defensorías del pueblo acciones regionales que nos ayuden a enfrentar este fenómeno con instrumentos y criterios compartidos, basados siempre en los derechos humanos.

Como ven la gestión de los flujos migratorios y la integración de las poblaciones migrantes constituyen grandes desafíos para las sociedades democráticas contemporáneas cuyas estructuras legales, económicas y políticas luchan por hacer frente a tal afluencia. El camino fácil e inútil son las barreras, la construcción de muros y la militarización fronteriza. Debemos ser más creativos, empáticos, solidarios y precisos. La unión es el punto de partida, ya es un buen mensaje que estemos acá, en Cartagena, representando 18 países, discutiendo este tema juntos y con vocación de querer construir soluciones entre todos, pero no solo construirlas sino ponerlas en marcha, implementarlas y evaluarlas permanentemente. Esperamos que el punto de partida de todo esto sea la declaración conjunta que esperamos promulgar recogiendo lo que acordemos acá. Entonces, queridos defensores y defensoras, a trabajar se dijo.

Muchas Gracias.

 

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