Riohacha
Todas las personas somos iguales a la hora de la muerte Esta es la historia de Sonia Bermúdez, fundadora de Gente Como Uno, quien brinda una sepultura digna a personas que fallecen en condiciones de vulnerabilidad en La Guajira.
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Todas las personas somos iguales a la hora de la muerte Esta es la historia de Sonia Bermúdez, fundadora de Gente Como Uno, quien brinda una sepultura digna a personas que fallecen en condiciones de vulnerabilidad en La Guajira.
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Aunque la Defensoría del Pueblo no acompaña directamente los procesos de sepultura digna, realiza un acompañamiento permanente a las poblaciones mencionadas en esta historia, en el marco de la garantía y protección de sus derechos.
Sonia Bermúdez tiene 69 años. Nació en Riohacha (La Guajira), es madre cabeza de familia de siete hijos y tanatóloga. Desde muy pequeña creció cerca del Cementerio Central de Riohacha, ubicado a 100 metros de su casa y donde su papá fue el primer celador, una experiencia que marcó su vida.
Cuenta que la motivación para convertirse en tanatóloga y crear la Fundación Gente Como Uno surgió al presenciar el trato inhumano que recibían algunos cadáveres que llegaban al cementerio, especialmente aquellos de personas sin recursos o sin familiares que las reclamaran.
“¿Por qué a esta persona la sepultan en una bóveda con un ataúd costoso y acompañada de una multitud de gente y, a esta otra, que no tiene a nadie, la sepultan como cualquiera? Si a la hora de la muerte todos somos iguales”, expresa Sonia.
En sus propias palabras, Sonia cuenta que algunos cuerpos llegaban a descomponerse porque no existía una persona u organización que les brindara una sepultura digna. En ese entonces, pese a las quejas presentadas ante la administración municipal, no obtuvo respuesta. No existían las condiciones para preservar aquellos cuerpos.
Fue esa realidad la que la llevó a construir, con sus propias manos, el cementerio Gente Como Uno, en el kilómetro 10 de la vía que conduce de Riohacha hacia el sur de La Guajira.
Ella expresa con serenidad el respeto que siente hacia la muerte y los cadáveres. Difícilmente siente tristeza al respecto, pues entiende este proceso como una oportunidad para que cada persona pueda descansar en paz.
A su vez, manifiesta que, aunque los cementerios son usualmente ignorados, en ellos permanece memoria histórica de los pueblos.
Cada fosa, cada bóveda, es una casa ”. Por ello, afirma que cada persona debe tener un lugar digno, sin distinción de clase social, credo o postura política.
A pesar de los prejuicios, desde 2007 hasta la actualidad ha custodiado en Riohacha los cuerpos de personas que fallecen sin contar con los recursos económicos necesarios o cuyos familiares no tienen las condiciones para brindarles una sepultura digna.
“Aspiro a que, ojalá, algunos de mis hijos sigan con este legado porque es muy bonito servir de esta manera a la gente. Todas las personas tenemos derecho a que nos respeten”.