Defensoría y Javeriana reunieron en Bogotá experiencias de educación en derechos humanos
- Mié, 07 oct 2026
- Una expedición por la ciudad, una feria de experiencias y laboratorios pedagógicos congregaron a organizaciones, universidades y comunidades de varias regiones del país.
¿Cómo fortalecer una educación en derechos humanos capaz de cuidar la dignidad, reconocer las diversidades y responder a desafíos como las violencias, la discriminación, la desinformación y la crisis climática? Esta pregunta orientó el Encuentro Nacional de Educación en Derechos Humanos, realizado por la Defensoría del Pueblo y el Instituto de Derechos Humanos y Construcción de Paz Alfredo Vázquez Carrizosa, de la Pontificia Universidad Javeriana.
Durante dos días, la Defensoría y la Pontificia reunieron en Bogotá a organizaciones sociales, universidades, comunidades, medios de comunicación, entidades públicas y experiencias territoriales para compartir aprendizajes y herramientas que fortalecen la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz.
La jornada inaugural contó con la participación de la Defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, y la vicerrectora académica de la Javeriana, María Adelaida Farah Quijano. Durante la conferencia de apertura, el pedagogo Julián de Zubiría Samper invitó a reflexionar sobre el papel de la educación frente a los desafíos contemporáneos y la necesidad de mantener viva la esperanza como horizonte de los procesos educativos.
Los derechos humanos también se aprenden caminando el territorio
Uno de los momentos centrales fue la expedición pedagógica por distintos espacios de Bogotá, donde las y los participantes conocieron experiencias que han convertido la educación en derechos humanos en una herramienta de transformación social.
La expedición incluyó la Casa B, Casa de la Paz, la organización Benposta, el colectivo Madres de Falsos Positivos (Mafapo), el programa La Paz se toma la palabra, del Banco de la República, y el Centro Cultural para la Educación en Derechos Humanos, de la Defensoría del Pueblo.
En estos espacios se conocieron procesos de construcción de memoria y participación comunitaria, iniciativas de firmantes de paz, organizaciones de víctimas, experiencias artísticas para la reconciliación y propuestas institucionales que acercan los derechos a la ciudadanía mediante metodologías lúdicas y participativas.
La jornada permitió reconocer cómo estas iniciativas fortalecen liderazgos, reconstruyen tejidos sociales y generan capacidades para la defensa de los derechos humanos.
Un país que educa para la paz desde múltiples voces
El segundo día estuvo dedicado al intercambio de experiencias entre organizaciones, colectivos, medios, universidades, redes educativas y procesos territoriales.
La feria reunió iniciativas sobre memoria histórica, lucha contra el racismo, educación comunitaria, comunicación popular, construcción de paz, participación juvenil y derechos de niñas, niños y adolescentes.
Entre ellas estuvieron las huertas biopoéticas, proyectos de comunicación como Cerosetenta y EnREDados, procesos de memoria del Legado de la Comisión de la Verdad, Mafapo y Casa B, iniciativas antirracistas como Ashanty Cuenta Historias, la apuesta por la paz del Instituto de Derechos Humanos y Construcción de Paz Alfredo Vázquez Carrizosa, la Red Colombiana de Educación en DD. HH. y Culturas de Paz, la Red de escuelas sin violencia de Norte de Santander, la Fundación Compaz y las experiencias significativas de las regionales de la Defensoría del Pueblo en Chocó, Nariño, Norte de Santander, Caldas y Magdalena.
Esta diversidad mostró que la educación en derechos humanos también se construye desde los saberes y las realidades de los territorios.
El encuentro cerró su agenda académica con espacios de diálogo de aprendizajes y laboratorios pedagógicos, en los que organizaciones como Educapaz, el Legado de la Comisión de la Verdad, Cerosetenta, la Fundación EnREDados y la Dirección Nacional de Promoción y Divulgación de Derechos Humanos, de la Defensoría del Pueblo, compartieron herramientas basadas en educación popular, comunicación, memoria, participación y creación colectiva.
El cierre permitió recoger los aprendizajes de las jornadas y destacar la importancia de seguir articulando esfuerzos entre instituciones, organizaciones, comunidades y territorios.
Para la Defensoría del Pueblo, este encuentro ratifica el valor de la educación en derechos humanos para fortalecer la democracia, prevenir las discriminaciones y ampliar las capacidades de las personas y comunidades para reconocer, exigir y defender sus derechos.
Las experiencias compartidas dejaron un mensaje común: educar en derechos humanos es sembrar capacidades para transformar realidades, fortalecer la participación y construir futuros más justos desde los territorios.