Mujeres chocoanas multiplican saberes para cuidar la vida en sus territorios
- Vie, 16 oct 2026
Mujeres de distintos territorios del Chocó llevaron a sus comunidades los aprendizajes de Cuidar la vida con saberes, un proceso desarrollado conjuntamente por la Defensoría del Pueblo y la Pontificia Universidad Javeriana, con la participación de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas.
El proceso reconoce a las mujeres como portadoras y creadoras de conocimientos y aborda los saberes ancestrales, los vínculos comunitarios y las condiciones de vida como dimensiones relacionadas con el bienestar y la salud mental.
Durante el tercer encuentro, realizado el 15 de octubre en Quibdó, las lideresas compartieron lo ocurrido al adaptar a las necesidades, tradiciones y posibilidades de sus comunidades las experiencias de los encuentros anteriores.
Las prácticas relacionadas con las plantas, la alimentación, los cultivos y el cuidado del cuerpo propiciaron conversaciones sobre preocupaciones cotidianas, permitieron transmitir conocimientos entre generaciones y fortalecieron espacios de apoyo mutuo.
En las réplicas hubo conversaciones, demostraciones e intercambios de experiencias. Algunas mujeres recuperaron prácticas conocidas, mientras otras propusieron adaptarlas frente a las inundaciones, las dificultades de la vida cotidiana y el riesgo de pérdida de los conocimientos transmitidos por las personas mayores.
Los relatos mostraron, además, que el cuidado de la salud mental está relacionado con las posibilidades de decidir, participar, mantener los vínculos comunitarios y compartir las cargas y preocupaciones de la vida diaria en espacios de confianza.
Los saberes que regresan a los territorios
En Lloró, Anny Julieth Rodríguez reunió a cinco mujeres para recordar el cultivo del maíz, la preparación de envueltos y la transformación del cacao. Las participantes relataron que, mientras siembran, preparan alimentos o se reúnen junto al río, conversan sobre sus tristezas y preocupaciones. También propusieron explorar cultivos elevados y sistemas de hidroponía frente a las inundaciones, así como transmitir estas prácticas a las nuevas generaciones.
En Nuevo Belén de Bajirá, Digna Aurora Castaño se reunió el 12 de octubre con 17 mujeres de Asmovida en la Casa de la Memoria. El encuentro coincidió con la conmemoración de los doce años del retorno de su comunidad, ocurrido en 2014. Allí conversaron sobre partería, alimentación, cuidados tradicionales y mingas, entendidas también como espacios para acompañarse y compartir dificultades.
Ante la muerte de personas mayores portadoras de estos conocimientos, las participantes plantearon la importancia de escuchar y registrar sus historias para transmitirlas a niñas, niños y jóvenes. Preservar la memoria, expresaron, también es una forma de cuidar la vida.
En La Manza, Medio Atrato, Ana Virgelia Córdoba Palomeque compartió con ocho mujeres experiencias alrededor de la siembra de caña, la transformación del viche y la elaboración de jabones artesanales. También explicó la "mano cambiada", una práctica de reciprocidad mediante la cual las familias se apoyan en las labores agrícolas, el cuidado de niñas y niños y el acompañamiento durante el posparto.
Las participantes se interesaron también por utilizar recipientes reutilizados para elevar cultivos y protegerlos de las inundaciones y los animales, como una estrategia adaptada a las condiciones del territorio.
Escuchar el cuerpo, acompañarse y hablar sin temor
En el Bajo Atrato, Mileydis Mena impulsó encuentros sobre alimentación tradicional y cuidado cotidiano. En un taller de cocina recuperaron el uso de cilantro, poleo, orégano y otras plantas para preparar pescado. En otro espacio, ocho mujeres conversaron sobre menstruación, embarazo, posparto, crianza y conocimientos transmitidos por las personas mayores.
Las conversaciones plantearon la importancia de escuchar a niñas y adolescentes sin juzgarlas y de favorecer espacios de diálogo sobre sus cuerpos, la salud sexual y la toma de decisiones libres de presiones. Mileydis también relató preocupaciones relacionadas con el sufrimiento de jóvenes, las sobrecargas familiares y la búsqueda de apoyo en instituciones y redes comunitarias.
Carmen Berbel, integrante de un consejo comunitario del Bajo Atrato, reunió a ocho mujeres para recuperar conocimientos de sabedoras y parteras sobre menstruación, menopausia, parto y duelo. Las participantes recordaron formas colectivas de acompañamiento frente a las pérdidas y plantearon propuestas para elaborar jabones con plantas y cultivar en espacios afectados por inundaciones.
Una de las sabedoras resumió la experiencia: «Hoy me voy con el cuerpo más liviano y el alma más fuerte». Su testimonio da cuenta del valor que las participantes atribuyeron a escucharse, reconocerse y encontrar apoyo en otras mujeres. Estas prácticas tradicionales se reconocen como formas comunitarias de cuidado y no como sustitutos de la atención profesional en salud.
El cuidado comunitario también necesita garantías institucionales
Las experiencias evidenciaron capacidades comunitarias para fortalecer vínculos, recuperar la memoria y afrontar preocupaciones compartidas. Al mismo tiempo, mostraron cómo las inundaciones, las dificultades económicas, las consecuencias de las violencias y las barreras de acceso a servicios restringen las posibilidades de cuidado y no pueden resolverse únicamente mediante el esfuerzo de las mujeres.
Para la Defensoría del Pueblo, estas voces son fundamentales para promover el derecho a la salud mental desde la dignidad, la participación y el reconocimiento de las condiciones sociales y territoriales que favorecen o limitan el bienestar.
La articulación con la Pontificia Universidad Javeriana busca propiciar la investigación participativa y el diálogo entre saberes académicos y comunitarios. En este trabajo conjunto, las mujeres deciden qué conocimientos compartir, adaptan los aprendizajes y construyen respuestas desde sus territorios.
Un proceso que continúa en los territorios
Los aprendizajes de las réplicas aportarán a la sistematización de las experiencias y a la construcción colectiva de una cartilla, una guía comunitaria y una exposición itinerante. Estos productos buscarán compartir los saberes respetando sus contextos de origen y reconociendo a las mujeres que los sostienen y transmiten.
Cuidar la vida con saberes pone de relieve el papel de las prácticas cotidianas, la memoria cultural, la reciprocidad y las posibilidades de participar y decidir en la construcción del cuidado colectivo.
La Defensoría del Pueblo y la Pontificia Universidad Javeriana continuarán el diálogo con las mujeres, reconociendo sus capacidades sin trasladarles la responsabilidad de garantizar la salud mental, que también compromete la respuesta de las instituciones y del Estado.
En el Chocó, compartir lo aprendido con otras mujeres no solo contribuye a preservar la memoria: también fortalece la autonomía, los vínculos entre generaciones y las capacidades comunitarias para cuidar la vida.