El Congal
“La violencia es una tragedia, retornamos como pudimos”
En El Congal, Samaná (Caldas), las marcas del conflicto no están en monumentos ni placas. Están en las voces de Yolima Betancurt, José Raúl Echeverry, Rosa Elvira Herrera, Freddy y cada habitante que aún nombra el territorio incinerado, la casa derribada, la familia desplazada.
“Fueron varios días, cierto, varios meses de mucho conflicto. Entonces todo pasó como en partes”, recuerda Yolima. Corría 1998 cuando la guerra tocó la vereda. “Estábamos un día trabajando cuando llegó una razón”.
La “razón” era una citación de las extintas FARC-EP. “Que suban al Congal que hay una reunión con una gente armada”, relata José Raúl Echeverry. “Nosotros somos las FARC, parte del 47 frente, venimos a invitarlos a que hagan parte de las filas guerrilleras”. Pero en El Congal nadie quería ser parte de la guerra. La respuesta fue resistencia civil en medio del miedo.
Al año siguiente, integrantes de grupos armados seguían subiendo. Y en el 2000, llegaron las estructuras paramilitares del Magdalena Medio. “Prácticamente arrasando con lo que veían”, narra José Raúl. El Congal fue señalado de ser “guarida
guerrillera”. Empezaron los asesinatos, las masacres. “Ya estábamos amenazados, ya habían matado mucha gente y los dos grupos disputaban el territorio”, dice.
El 18 de enero de 2002 lo quemaron todo. Rosa Elvira Herrera lo resume: “Quemaron las casas y eran 24 horas para desocupar. Que si en 3 días volvían le iban a dar a lo que hubiera. La violencia es una tragedia. Retornamos como pudimos”. El día siguiente, El Congal dejó de ser hogar para decenas de familias.
Freddy cuenta cómo, en silencio, las familias tomaron la trocha, huyendo hacia Florencia. “Eso no es fácil, pero como pudimos cada familia fuimos cogiendo la trocha y allá llegamos”.
El 19 de enero de 2002, cerca de 53 familias fueron desplazadas. Durante 11 años, El Congal fue un nombre sin comunidad.
En 2014, la historia comenzó a cambiar. La comunidad decidió regresar. No fue un retorno impuesto, fue una decisión colectiva. El regreso no fue fácil. Quitaron maleza, abrieron caminos, reconstruyeron casas. Pero al hacerlo, recuperaron también las mingas, la solidaridad, las tertulias. “Retornar puso en evidencia la resistencia de los congaleños, que continúan tejiendo acciones relacionadas con la participación comunitaria, la toma de decisiones y la exigencia del retorno colectivo”, resalta la Comisión de la Verdad (2022).
La sentencia de restitución de tierras llegó en 2016 para 18 familias, dictada por el Juzgado Primero Civil del Circuito Especializado en Restitución de Tierras de Pereira.
Más allá de la tragedia, El Congal es memoria viva, es una comunidad que no olvida, pero que también construye.
Las voces de Yolima, José Raúl, Rosa Elvira, Freddy y de cada habitante que sigue en la vereda, son el testimonio de que resistir es un verbo cotidiano. No fue la guerra quien dictó el destino de El Congal. Fueron sus habitantes quienes decidieron volver y sembrar memorias.

