Mejor Esquina
“Mejor Esquina: la memoria de la primera masacre perpetrada por grupos paramilitares en Córdoba”
El 3 de abril de 1988, la comunidad de Mejor Esquina, en el corregimiento de Buenavista, Córdoba, vivió uno de los episodios más trágicos de la región Caribe colombiana. Durante una celebración de Semana Santa, 28 personas campesinas, incluidas niñas y niños, fueron asesinadas en lo que la Comisión de la Verdad reconoció como la primera masacre atribuida al paramilitarismo en el departamento de Córdoba.
El ataque fue perpetrado por el grupo autodenominado “Los Magníficos”, que buscaba emboscar al comandante del EPL, Isidro Pastrana Martínez, alias Viejo Rafa. Sin embargo, el líder nunca llegó al lugar, y la violencia se desató de manera indiscriminada contra la comunidad. Entre 1988 y 2003, el paramilitarismo perpetró 62 masacres en Córdoba, con un total de 449 víctimas fatales, según cifras de la Comisión de la Verdad. La violencia no solo se tradujo en muertes; alteró profundamente la vida cotidiana, la confianza entre vecinos y la seguridad de quienes sobrevivieron.
Para Rosario Saénz, víctima de la masacre, el miedo cambió por completo la dinámica del pueblo: “Después del hecho se resquebrajó totalmente la confianza. No hacíamos nada, cada uno en su casa, saliendo poco. Se perdió la confianza, porque no podíamos estar hablando delante de todo el mundo. Todo el pueblo estaba atemorizado”.
El dolor de la pérdida se mantiene presente en cada recuerdo. Rosario recuerda con tristeza: “Cada vez que hablo de esto, se me exprime el corazón. Perdí a dos primos segundos, perdí a un primo hermano y perdí un hermano que amaba mucho”.
Delcy Berrío, otra víctima de la masacre, narra la crudeza del momento en que los atacantes se retiraron, dejando tras de sí dolor y zozobra: “Ya cuando ellos ya se cansaron de quitarle la vida a las personas se fueron. Nadie respondió. Eso fue muy duro, muy tremendo. Todavía no lo supero.”
El miedo se extendió incluso a la vida cotidiana. Muchas familias tuvieron que buscar seguridad fuera de sus hogares. María Elena Sáenz recuerda esos meses de incertidumbre: “Teníamos miedo de que se nos fueran a meter y nos hubieran acabado de matar. No dormíamos en la casa, nos íbamos a dormir al monte”.
A pesar del sufrimiento, las comunidades han mantenido su resiliencia y continúan luchando por reconstruir su vida. Rosario Saénz hace un llamado al Estado para avanzar en la reparación: “Queremos pedirle a todas las entidades del Estado que nos ayuden en el proceso de reparación, para que podamos tener un poco de tranquilidad, para poder desarrollar nuestros proyectos, eso sería de mucho beneficio para nosotros.”
María Elena Sáenz, en cambio, destaca los avances en seguridad alcanzados tras años de violencia: “Para mí sí hay paz porque tenemos años que ya no tenemos, como de pronto, una zozobra de grupos al margen de la ley que nos están presionando. Para mí eso es paz.”
Los hallazgos de la Comisión de la Verdad señalan que los impactos del conflicto armado en Córdoba fueron diferenciales, afectando especialmente a comunidades campesinas y étnicas: desplazamiento forzado, pérdida de liderazgos locales, afectaciones económicas y ruptura de los lazos sociales. Sin embargo, las voces de quienes sobrevivieron, como las de Rosario, Delcy y María Elena, muestran que la memoria y la resistencia son esenciales para la reconstrucción del tejido social y para que la historia del Putumayo y Córdoba no se olvide.
