“Asociación Súperate: mujeres resilientes que construyen paz”

De acuerdo con la Comisión de la Verdad (2022), distintos actores armados que participaron en el conflicto armado en Colombia cometieron violencias sexuales, afectando la integridad personal y la dignidad humana de las víctimas, especialmente de mujeres y niñas.

Con corte a abril de 2026, según la Unidad para las Víctimas, se han registrado 49.741 personas por hechos relacionados con delitos contra la libertad y la integridad sexual en desarrollo del conflicto armado.

Sin embargo, tal como lo reconoce la Comisión, ese registro no alcanza a representar la real magnitud de esta práctica debido a que se trata de una violencia invisibilizada que acarrea vergüenza, discriminación, miedo por amenazas a las mujeres y falta de garantías del sistema judicial.

Para Olga Romero Villegas, integrante de la Asociación de Mujeres Renovadoras de Vida del Departamento de Sucre – Supérate, este tipo de violencias y hechos no tuvieron que ocurrir: “Es una deuda histórica que el Estado tiene con las comunidades víctimas del conflicto armado porque no debió suceder en Colombia; no debió pasar, por ejemplo, que hubiese masacres, violaciones, y todo esto está contemplado en la Comisión de la Verdad. Esto se dio debido al abandono del Estado en los territorios”.

Supérate nace de la necesidad de 14 mujeres de exigir sus derechos como víctimas, y se transformó en 2014 a través de un proceso organizativo que, en la actualidad, se dedica a proyectos de piscicultura, de cultivos y de ecoturismo.

Súperate nació como una oportunidad para comenzar desde cero y emprender un nuevo proyecto que aporta a la construcción de paz.
Súperate nació como una oportunidad para comenzar desde cero y emprender un nuevo proyecto que aporta a la construcción de paz.

Olga Romero, una de sus fundadoras, quienes sufrieron los delitos de violencia sexual sufren impactos psicosociales que afectan sus experiencias y relaciones con su propio cuerpo, su sentir, su familia y comunidad. Las afectaciones se trazan desde el nivel individual hasta el familiar y colectivo.

“Somos las más vulnerables porque no es un hecho fácil de declarar y (...) porque hemos sido muy estigmatizadas”, manifiesta Sara.

El apoyo entre ellas mismas ha sido el motor para que, 12 años después, continúe su organización.

Sara, una de sus fundadoras, admira la capacidad en la que las mujeres víctimas de violencia sexual han liderado este tipo de procesos.
Sara, una de sus fundadoras, admira la capacidad en la que las mujeres víctimas de violencia sexual han liderado este tipo de procesos.

“No hay reparación que pueda curar eso, es algo que uno lleva adentro y hay días que, por mucho psicólogo que tenga, se siente decaído, pensativo”, relata Nelcy Fernández Puentes, otra de las integrantes de Supérate.

La Comisión de la Verdad señala que hechos como la violencia sexual y otras violaciones e infracciones al derecho internacional humanitario ocurren de manera simultánea, como la tortura, las amenazas, el desplazamiento forzado, el secuestro, el reclutamiento y los homicidios.

Las 14 mujeres se reconocen como unas luchadoras y ven en su proyecto una oportunidad para vivir dignamente.
Las 14 mujeres se reconocen como unas luchadoras y ven en su proyecto una oportunidad para vivir dignamente.

De acuerdo con la Unidad para las Víctimas, este grupo de mujeres aprovechó la oportunidad de participar en una subasta pública realizada por el Fondo para la Reparación de las Víctimas. El resultado: adquirió el predio La Veraka, ubicado a 20 minutos de Sincelejo, Sucre.

Al principio, cuando llegaron, sentían miedo, pero con el tiempo comenzaron a trabajar. “Ese miedo se fue acabando”, expresa Nelcy.

Hoy, las cuatro hectáreas de La Veraka se han convertido en un proyecto de resiliencia y reconstrucción. Con esfuerzo y trabajo colectivo, han aprovechado cada rincón del bien rural para desarrollar iniciativas productivas que fortalecen su autonomía y sus proyectos de vida.

Su sueño es seguir creciendo, consolidar nuevas iniciativas y demostrar que, aun después de la violencia, es posible construir oportunidades y transformar el territorio.

Para la Asociación, más allá de la reparación, representa el acceso a la tierra y a vivir dignamente.
Para la Asociación, más allá de la reparación, representa el acceso a la tierra y a vivir dignamente.

“Para mí ha sido, diríamos, como Dios bajar del cielo”, expresa Amanda Jiménez Cassiani.

Procesos organizativos como Súperate, han sido elementos clave para que, en particular las mujeres, resistan y persistan en la búsqueda por la justicia, verdad, reparación y la construcción de una sociedad para que estos hechos no sigan ocurriendo.

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