Caquetá, Vichada, Meta y Putumayo: los departamentos con mayor riesgo de deforestación en el país

Caquetá, Vichada, Meta y Putumayo: los departamentos con mayor riesgo de deforestación en el país

  • Vie, 22 may 2026

amazonía

La Defensoría del Pueblo y la Naturaleza monitorea diariamente con satélites los focos de calor en bosques y llama a las autoridades a actuar antes de que el daño sea irreversible.

Las alertas tempranas de deforestación continúan concentrándose en zonas de la Amazonía y la Orinoquía colombiana, de acuerdo con un informe técnico basado en anomalías térmicas detectadas por sensores satelitales de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) en coberturas de bosque, que identifica las zonas con mayor concentración de alertas y riesgo de deforestación.

Las mayores concentraciones de puntos con detecciones de calor asociadas a incendios están en Caquetá (Cartagena del Chairá, Solano y San Vicente del Caguán), Vichada (Cumaribo y La Primavera), Meta (Puerto Gaitán, La Macarena, Mapiripán y Uribe) y Putumayo (Leguízamo y Puerto Guzmán). En contraste, el análisis muestra una disminución de detecciones en Antioquia y en la subregión Catatumbo frente a periodos anteriores (2022 y 2023).

Monitoreo de riesgo de deforestación en la Amazonía colombiana
Monitoreo satelital de anomalías térmicas y focos de calor en coberturas boscosas.

En el número de eventos registrados entre 2024 y 2025 se identificó una disminución, pues de 1.727 incendios se pasó a 1.057. Sin embargo, para el caso de diciembre, hubo un aumento significativo: mientras en 2024 se registraron 5 detecciones, en 2025 la cifra ascendió a 95.

Prevenir con base en la evidencia

Colombia cuenta con una amplia cobertura boscosa que abarca cerca de la mitad del territorio nacional, y en condiciones naturales (poco frecuentes), los bosques húmedos tropicales generan focos de calor. La observación que se hace diariamente permite detectar focos del calor asociados a procesos de deforestación en Colombia. Con estos monitoreos, la Defensoría genera alertas para facilitar la prevención y la acción de las autoridades ambientales sobre incendios en los puntos de bosque con más calor.

Si bien este análisis no remplaza las mediciones oficiales de deforestación, sí aporta señales tempranas que orientan el control, la vigilancia, la gestión del riesgo y la protección de las comunidades y los ecosistemas.

El incremento registrado a finales de 2025 evidencia la necesidad de mantener un monitoreo permanente durante 2026. Esta tendencia da cuenta de procesos activos de deforestación asociados, entre otros factores, al acaparamiento de tierras, la expansión de cultivos ilícitos, la minería aluvial, el cambio en el uso del suelo para cultivos de pancoger y el aprovechamiento de recursos forestales. En este contexto, resulta fundamental priorizar la atención en aquellos territorios donde la presencia de fuego puede constituir un indicio de degradación acelerada de los bosques.

Identificación de patrones

El cruce entre focos de calor, la intensidad del fuego y las coberturas de bosque permite identificar patrones, priorizar territorios y generar alertas útiles para la toma de decisiones. Estas alertas están dirigidas a autoridades ambientales y responsables de la gestión del riesgo de desastres, como alcaldías, cuerpos de bomberos, corporaciones autónomas regionales, Defensa Civil, entre otras.

La presencia de fuego es un indicador que puede estar asociado a procesos de deforestación o cambios en el uso del suelo, pero hay que tener presente que no todas las transformaciones del bosque implican quemas. Asimismo, factores como la nubosidad o la calidad de las imágenes pueden influir en la información captada por los satélites. Por ello, el monitoreo continuo es fundamental, pues facilita la identificación de tendencias, la activación de respuestas tempranas y la reducción del margen de reacción.

Llamado de la Defensoría

En este contexto, la Defensoría del Pueblo hace un llamado a las autoridades responsables de la gestión del riesgo, el control ambiental y la seguridad territorial a fortalecer las acciones de prevención en zonas críticas, mejorar la coordinación interinstitucional y garantizar la protección de los ecosistemas y de las comunidades que dependen de ellos.

La información oportuna, la vigilancia sostenida y la acción articulada son claves para prevenir afectaciones irreversibles sobre los bosques, el agua, la biodiversidad y los derechos colectivos asociados a un ambiente sano.