Minería ilegal amenaza a 650 familias del sur de Bolívar
- Sáb, 04 oct 2014
Las viviendas de unas 650 familias están a punto de colapsar debido a los socavones que abrieron grupos mineros en busca de oro en el corregimiento Mina Santa Cruz, municipio de Barranco de Loba, en el departamento de Bolívar. (Imágenes de la denuncia)
Este fin de semana la Defensoría del Pueblo Regional Magdalena Medio realizó una visita humanitaria a este corregimiento para inspeccionar los daños. “Se pudo constatar que las viviendas y las calles están agrietadas y que algunas edificaciones incluso ya colapsaron, como ocurrió el año pasado con los salones de los niños de preescolar y primero de primaria de la institución educativa Simón Bolívar”.
Ante este panorama, la Defensoría exigió a las autoridades a que tomen medidas urgentes para proteger la vida de estas 2.400 personas. “En algunos casos son huecos hasta de 5 metros de profundidad que abren en los patios de las casas, y tienen un recorrido horizontal que supera los 10 metros”. La entidad también puso comprobar las lamentables condiciones en las que los mineros artesanales bajan a los socavones para extraer el oro.
Y es que como lo había reportado la Gobernación de Bolívar, del Comité de Prevención de Desastres y un geólogo de la Secretaría de Minas de la Gobernación, la fiebre por el oro ha significado la apertura de túneles en una colina del corregimiento, a la que los mismos habitantes llaman “la montaña hueca”, símbolo forzoso de esta población a la que sólo es posible acceder luego de un viaje de ocho horas en chalupa.
La minería ilegal en esta zona del municipio de Barranco de Loba también ha generado un daño ambiental importante. “Llama la atención que siete retroexcavadoras, cuyos dueños no se conocen, fueron trasladadas al casco urbano del corregimiento, ocasionando un daño ambiental, ya que para extraer entre 15 a 30 gramos de oro, remueven al menos una tonelada de tierra. Tras la destrucción de la capa vegetal, las máquinas han dejado zanjas en terrenos baldíos, convirtiéndolos en grandes pozos de agua estancada y en foco para la propagación del mosquito anopheles, vector del virus de la malaria”.
Funcionarios de la entidad recibieron además denuncias sobre la presencia de grupos armados ilegales que buscan incidir en el negocio de la minería, afectando la seguridad en la zona, por ello se pidió al comandante de la Policía en Bolívar y al comandante de la Segunda División del Ejército que adopten las medidas de seguridad pertinentes en el corregimiento Mina Santa Cruz.
Asimismo, la Defensoría exigió al Ministerio de Minas y Energía, la Gobernación de Bolívar y la Alcaldía de Barranco de Loba reubicar las 2.400 personas afectadas, “con lo cual se evitaría una catástrofe de incalculables proporciones”. Igualmente se instó al ICBF para que garantice la protección de niños, niñas y adolescentes, “declarados igualmente en peligro, debido la falta de agua potable, que además de ser escasa, presenta una alta concentración de mercurio por la actividad minera que allí se desarrolla; ello sumado a deficiencias en la alimentación y amenazas como el reclutamiento forzado que ejercen los grupos armados ilegales”.
Lo más grave, además del riesgo para la vida de los mineros dentro de estos socavones irregulares, es que los huecos desgastan y acaban los cimientos de las construcciones, lo cual termina poniendo en peligro a las familias de estos trabajadores.
Los funcionarios que estuvieron en el terreno observaron cómo esta fiebre por el oro ha significado la apertura de túneles en una colina del corregimiento, a la que los mismos habitantes llaman "la montaña hueca", símbolo forzoso de esta población a la que sólo es posible acceder luego de un viaje de ocho horas en chalupa.
La Defensoría del Pueblo, a través de su regional en el Magdalena Medio, envió requerimientos al Ministerio de Minas y Energía, a la Gobernación de Bolívar y a la Alcaldía de Barranco de Loba para que se haga la reubicación de las 2.400 personas afectadas, "con lo cual se evitaría una catástrofe de incalculables proporciones". Según el propio mandatario del municipio de Barranco de Loba, existe un lote para hacer efectivo ese traslado, pero advirtió que no cuentan con el presupuesto para llevarlo a cabo.
Vale la pena indicar que no obstante esta situación, la comunidad conformó un comité de mineros artesanales, con títulos legales para la extracción de oro, con el que han logrado construir un puesto de salud, una sede social y comprar una chalupa ambulancia. Sin embargo, la extracción que se hace en zonas no adecuadas ni autorizadas, es decir, la minería ilegal, es la que los tiene en riesgo.
Llama la atención que siete retroexcavadoras, cuyos dueños no se conocen, fueron trasladadas al casco urbano del corregimiento, ocasionando un daño ambiental importante, ya que para extraer entre 15 a 30 gramos de oro, remueven al menos una tonelada de tierra. Tras la destrucción de la capa vegetal, las máquinas han dejado zanjas en terrenos baldíos, convirtiéndolos en grandes pozos de agua estancada y en foco para la propagación del mosquito anopheles, vector del virus de la malaria.
En cuanto al tema de orden público, hay temor entre los habitantes por la llegada de grupos armados ilegales, particularmente de estructuras post-desmovilización, razón por la cual la Defensoría del Pueblo solicitó al Comandante de la Policía en Bolívar y al Comandante de la Segunda División del Ejército, que adopten las medidas de seguridad pertinentes en el corregimiento Mina Santa Cruz, el cual "ha sido escenario de riesgos constantes para la población civil por una confluencia de factores relacionados con la presencia de actores armados al margen de la ley, mezclados con el conflicto territorial minero".
La Defensoría también hizo un llamado al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para que garantice la protección de niños, niñas y adolescentes, declarados igualmente en peligro, debido la falta de agua potable, que además de ser escasa, presenta una alta concentración de mercurio por la actividad minera que allí se desarrolla; ello sumado a deficiencias en la alimentación y amenazas como el reclutamiento forzado que ejercen los grupos armados ilegales.

