“La tierra soñada para nosotros es vivir aquí, en Chengue”

La madrugada del 17 de enero de 2001 quedó grabada en la memoria de Chengue como una de las fechas más dolorosas para su comunidad.

De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en este corregimiento del municipio de Ovejas, en Sucre, integrantes del Bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) llegaron al territorio, cortaron el servicio de energía eléctrica y perpetraron una incursión armada en la que 27 personas fueron asesinadas, varias viviendas fueron incendiadas y más de 1.200 habitantes fueron obligados a desplazarse, dejando atrás el único lugar que conocían como su hogar.

Para esa época, los paramilitares también cometieron las masacres de Macayepo y El Salado. Gina Ortíz Martínez, representante legal de la Asociación de Apicultores de Chengue y, quién era una niña cuando ocurrieron estos hechos, narra cómo su familia y la comunidad quedaron abatidos.

“En el año 2001, el 17 de enero, entraron paramilitares, aquí a Chengue, con la idea de masacrar a los hombres. La masacre venía dirigida a hombres, porque los tildaban de guerrilleros”, afirmó Gina.

A través de su voz, relata que ese 17 de enero el grupo armado reunió a varios hombres en la plaza central, donde fueron torturados y asesinados. “Los llevaban para ver si aparecían en el computador, pero el computador era una mona, donde les daban en la cabeza y ellos instantáneamente morían”, recuerda.

Se les sometió a actos crueles y, posteriormente, incendiaron todas las casas. Los pueblos quedaron acabados, sin gente.

Gina Ortíz Martínez lidera un proyecto de miel en Chengue y sueña en seguir habitando este territorio junto a sus hijos y familia.
Gina Ortíz Martínez lidera un proyecto de miel en Chengue y sueña en seguir habitando este territorio junto a sus hijos y familia.

El 25 de marzo de 2011, la masacre de Chengue fue declarada un delito de lesa y se estableció que hizo parte de un ataque sistemático contra la población civil.

De acuerdo con la Comisión de la Verdad, en su Informe Final, “en Montes de María, en dos años se produjeron 42 masacres. Las más conocidas son las de Chengue en Ovejas, Sucre, y la de El Salado en Carmen de Bolívar”.

Estos hechos ocurrieron en medio de la disputa entre actores armados ilegales por el control de la región, dejando a las comunidades campesinas en el centro de la violencia y provocando profundas heridas que aún permanecen en la memoria de quienes vivieron estos hechos.

Heidi González Arrieta, miembro de la Asociación de Apicultores de Chengue, tenía 11 años para la época. Su papá, quien era electricista, fue víctima de los hechos de violencia que ocurrieron en los Montes de María.

“En el 97, él se vino a pasar la Navidad aquí en Salitral” – un pueblo que está cerquita de Chengue – “Y ahí llegó a un grupo armado al margen de la ley y lo sacaron de la casa donde él estaba con otro compañero. Se lo llevaron (...) hasta el sol de hoy no supimos más nada de él”.

Cuando Heidi llegó a Chengue, el pueblo estaba vacío. “Era como un caserío (...) unas casitas, las que quedaron después de la masacre”.

Cada 17 de enero, la comunidad se reúne alrededor de los murales y monumentos para recordar a quienes ya no están.
Cada 17 de enero, la comunidad se reúne alrededor de los murales y monumentos para recordar a quienes ya no están.

Familias como la de Gina tuvieron que desplazarse de Chengue:

“Yo en ese entonces tenía 13 años, pero estaba muy consciente y veía el desespero de mis padres, de mis hermanos: ¿para dónde íbamos a coger sin tener dónde irnos?”. Sus papás nunca se adaptaron a la ciudad por lo que decidieron volver. Desde ese entonces, permanecen en el territorio.

Ella, sin embargo, en ese momento no pudo volver, “había muchos grupos, reclutaban a las niñas, estaban en ese tiempo las Farc en la zona y ellos enamoraban mucho a las niñas (...)”m cuenta.

Luego de la masacre, han surgido actos de resistencia de quienes, frente al miedo y la violencia, buscaron proteger la vida de sus familias. De acuerdo con el informe ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica, “las mujeres de Chengue en el departamento de Sucre, durante la masacre perpetrada por las AUC, acudieron al recurso de la palabra y a la protección física de sus hijos para salvarles la vida. Si bien ellas no lograron parar la masacre, defendieron y rescataron a sus hijos del destino fatal”.

Heidi, a través Asociación de Apicultores de Chengue, también resiste y aporta a la construcción de paz en el territorio.
Heidi, a través Asociación de Apicultores de Chengue, también resiste y aporta a la construcción de paz en el territorio.

Aunque hoy Chengue ya no tiene la misma cantidad de habitantes, Gina asegura que allí viven con tranquilidad y en paz.

Junto con Heidi, se ha vinculado a un proyecto productivo de apicultura. Como ellas, otras personas han impulsado iniciativas que ha unido a la comunidad y ha devuelto la esperanza y los sueños al territorio.

“Ese mismo trabajo en equipo que utilizan las abejas, que trabajan juntas por hacer su miel, ha sido el mismo trabajo en equipo que hemos hecho nosotros. Hemos trabajado el tema de la reconciliación, del tejido social fragmentado por la violencia. Ya actualmente somos amigos con las comunidades vecinas, nos encontramos, hablamos de la abeja, hablamos en común el mismo idioma”.

Para ellas, la miel se ha convertido en una oportunidad para resistir y permanecer en su territorio.

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